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lunes, 2 de septiembre de 2013

Escapadas: Agua Amarga












                                                                                                          
Hasta el año 2010, jamás había oído hablar de este paraíso de la costa almeriense.

Por casualidad, unos muy buenos amigos nos propusieron pasar con ellos un fin de semana en este pueblecito y no lo dudamos, nos lanzamos a la aventura y la verdad, quedamos impresionados de tan bello enclave.
Agua Amarga, es un pequeño pueblecito de pescadores, muy tranquilo, que mantiene la esencia del mediterráneo. Una pequeña playa limitada por la costa y por casas blancas, algunas con coloridas ventanas y pequeños parterres con bugambillas. Enclave en el que relajarse dejándose abrazar por la brisa del mar.

Nos alojamos en unos adosados a pocos minutos de la playa, y disfrutamos de un desayuno al final de esta, en La Palmera. La Palmera es un chiringuito con una agradable terraza sobre la arena, donde tomar un buen café con unas tostadas mientras ojeas la prensa o toqueteas el Ipad, antes de darte un chapuzón en las tranquilas aguas del paraíso.

Como es sabido por todos, la playa da ganas de comer y que mejor que dejarse caer por el chiringuito Playa, y tomar los famosos calamares de Agua Amarga; pasión de mi amigo y por la que me asegura que vuelve cada año. Un buen gazpacho "aliñao" y un pescado fresco a la parrilla, regado con un vino blanco, completarían el menú del día.
Para tomar una copa por la noche la elección fue, Los Tarais, otro chiringuito situado también en la playa, en el que pasar un buen rato de charla a la fresca con amigos.




Lo cierto es que desde entonces recomiendo a mis amistades la visita obligada a Agua amarga. Un pueblecito, que ha dejado una marca imborrable y por lo que parece, no soy el único. Hace unos meses, pasaron por allí los entonces herederos al Trono de Holanda y los del Trono Sueco. 
Un paraíso real. Un remanso de paz donde desconectar de la rutina diaria. 


viernes, 7 de septiembre de 2012

Restaurantes: Pézinhos N'Areia, Praia Verde (Algarve)


Inauguro esta sección con un restaurante al que llevo yendo desde hace muchos años. Un restaurante que  ha ido evolucionado satisfactoriamente hasta el día de hoy.
Como todos en mi familia, nos encanta cruzar la frontera y pasar largas jornadas en el Algarve. Primero, en las barcazas que te llevaban a Villa Real de Santo Antonio desde Ayamonte, y más tarde, a primeros de los 90, por el puente que nos une con Portugal.
Hace muchos años que frecuento Praia Verde, un oasis de paz y tranquilidad que con el paso del tiempo y el boca a boca se ha ido llenando de gente, aunque aún conserva las señas de identidad por las que cada año vuelvo. Una de esas señas, es ese chiringuito que está al final de la cuesta flanqueada por pinos hasta la playa, de ese pequeñín queda poco, aunque si su encanto y calidad. Ahora es un magnífico restaurante que se alza sobre un palafito. Sus sillas de teka han dado paso a muebles de diseño, y sus grandes aberturas ahora están vestidas con cortinas blancas dándole un toque mucho más sofisticado. Las lámparas barrocas en oro y nácar rompen magistralmente con el blanco y la madera, potenciando los materiales básicos de un restaurante marinero.

Como lo fue siempre, es un restaurante típico de comida portuguesa con una amplia variedad de pescados y mariscos frescos, los cuales puedes ver si entras a la sala y sorprenderte de las piezas que se exhiben y puedes llevarte al plato. De todas formas si optas por pescado, antes de cocinarlo te lo muestran en la mesa.


















Este año he estado varias veces, he cenado con unos amigos, he comido con la familia y he disfrutado de uno de sus buenísimos mojitos sentado en un elegante sillón tipo Luis XV, viendo el mar en muy buena compañía cuando el sol se pone. Porque cualquier ocasión es perfecta para frecuentarlo.




















Si os apetece pasaros, hay que reservar. En la mesa o esperando al resto de los comensales, se puede empezar con un Pink Porto o un Chip Dry y desde este año, sushi. Como sabréis las raciones lusas son de todo menos escasas. Recomiendo pedir cualquiera de sus especialidades como, algún arroz de marisco, bacalao dorado, unas almejas, o una maravillosa cataplana de pescado,   todo ello bañado por un vino verde portugués. El postre, te lo preparan justo antes de servírtelo y todo está exquisito, especialmente la típicas tartas elaboradas artesanalmente con almendras, higos o algarrobas. El café en cualquiera de sus variantes y una marginha muy fría, son los acompañantes perfectos de una sobremesa inolvidable en el Algarve.


A resaltar, el servicio, la atención continua y exquisita de todos y cada uno de los profesionales que trabajan en Pezinhos.
Si tenéis ocasión de viajar al sur, no dudéis en cruzar la frontera y disfrutar de este enclave privilegiado, de sus gentes y por supuesto de su gastronomía. Pezhinos os sorprenderá.